Estudios. Revista de Investigaciones Literarias
y Culturales 26/27 (2005-2006):27-51
Presentación
AbrilTrigo
The OhioStateUniversity
Presentación
¿Qué
función cumplen los estados nacionales en el nuevo orden
económico y geopolítico mundial? ¿Qué
relación guarda este con los procesos de globalización
económica y cultural? ¿Cómo aprehender este ubicuo
y amorfo conjunto de transformaciones que abarcan desde la
tecnología al modo de producción, desde el régimen
de acumulación de capital a la producción y
reproducción de cultura, desde la dimensión y
articulación de los mercados a la reconversión de los
estados nacionales como gendarmes del capital transnacional?
¿Qué dimensiones, qué formas, qué sentidos
adopta lo nacional en este marco, en el cual el Estado ha sido
despojado de su rol histórico como organizador de un mercado
nacional, una de sus prerrogativas fundamentales? ¿Qué
sentido tiene hablar del Estado nacional cuando el capital nacional se
hace transnacional o desaparece junto con el mercado que le sirviera de
sustento, y cuando la división del trabajo nacional e
internacional se mundializa y transnacionaliza?
Y sin embargo, ¿cómo explicar el resurgimiento de
fundamentalismos étnicos o religiosos o de exaltados movimientos
nacionalistas que vuelven a colocar la histórica
“cuestión nacional” en el centro de un mercado
teórico posmodernizado?
Volvemos a vivir tiempos
revueltos. Luego de los afanes revolucionarios de los setenta y de la
catástrofe neoliberal de los ochenta, varios países
latinoamericanos atraviesan crisis políticas inéditas, en
todos los casos sobredeterminadas por profundas desigualdades sociales,
una endémica inestabilidad económica y agudas
transformaciones culturales, que ponen sobre el tapete, una vez
más, disímiles proyectos de organización social y
nacional. Los movimientos sociales, que en los ochenta remplazaran a
los obsoletos partidos políticos de los setenta, vuelcan hoy las
miras de una sociedad civil fortalecida por la emergencia de grupos
étnicos y sectores sociales minoritarios, una vez más
sobre la esfera política. El control del Estado vuelve a ser el
campo privilegiado de disputa por el poder político; la
redefinición de la nación vuelve a ocupar el centro de la
lucha cultural. A modo de ejemplo: la crisis del 2001 en Argentina, que
comenzara siendo económica y política para terminar
revelando una seria fractura social y cultural; la hoy por hoy
endémica violencia que desangra a Colombia, que va mucho
más allá del narcotráfico y de la guerrilla, pues
revela, en cambio, una larvada crisis de la capacidad hegemónica
del Estado y del imaginario nacional agudizada por las presiones
impuestas por la globalización; la radicalización de la
escena política venezolana, catalizada por la carismática
figura de Chávez y la movilización popular chavista, en cuya virulencia retórica se
expresan postergaciones, discriminaciones y frustraciones sociales de
larga data; la liquidación en México del monopolio
político del PRI, aunada a la emergencia, de dimensión
nacional y con repercusiones internacionales, del movimiento
indígena zapatista y la
polarización del electorado en las elecciones recientes; el
triunfo electoral del Partido Trabalhista en
Brasil, que a pesar de sus resultados decepcionantes en el plano
interno, expresó un giro copernicano en la política
brasileña e hizo posible la instrumentación de
políticas regionales e internacionales de resistencia a la
globalización; el establecimiento de gobiernos de tendencia
socialdemócrata en Chile, Argentina y Uruguay, y su
implementación de políticas de redistribución
social y de cautelosa resistencia a las formas más extremas del
neoliberalismo, en el caso de los dos últimos; la emergencia de
un poderoso movimiento indígena claramente opuesto a la
globalización en Ecuador, con capacidad para tumbar gobiernos y
funcionar como árbitro en instancias cruciales, aun cuando carezca
de la fuerza y la claridad necesarias para formar gobierno; el
también histórico resultado de las últimas
elecciones en Bolivia, instalando al primer presidente indígena
de ese país, que al frente de una amplísima
coalición de movimientos sociales, partidos políticos y
comunidades indígenas amenaza trastocar la hegemonía
política y el imaginario nacional en su más profundo
significado; la polarización e internacionalización de
las últimas elecciones peruanas, que enrarecieron el clima
ideológico y exacerbaron posiciones nacionalistas; el
extravagante conflicto entre Argentina y Uruguay por las plantas de
celulosa, que demuestra la persistencia histórica de localismos
de muy antigua data. Todos estos casos demuestran la vigencia del
Estado nacional como ámbito de disputa entre clases sociales,
minorías étnicas, empresas transnacionales, instituciones
internacionales y centros de poder geopolítico—mundiales y
regionales—por el control del mercado (de trabajo y de consumo), por
la determinación del régimen de acumulación y
distribución de capital, y por la hegemonía de un cierto
proyecto de nación.
Los artículos que
siguen ofrecen un muestrario sumamente variado de cómo abordar
estos temas. La diversidad de enfoques, ángulos temáticos
y perspectivas disciplinarias es intencional. Nos interesaba ofrecer
una mirada calidoscópica e interdisciplinaria, más
interesada en provocar la reflexión que en ofrecer respuestas a
la ligera. Los asuntos son polémicos y no hemos tenido tiempo
aún para decantar la reflexión. Demás está
decir que las opiniones vertidas en cada ensayo son responsabilidad de
su autor/ a respectivo/ a, y que los editores no necesariamente
compartimos ni las tesis ni los argumentos sostenidos. Pero en esta
diversidad de ideas y aproximaciones teóricas,
metodologías y estilos narrativos reside, precisamente, la
estimulante vitalidad que ofrece el conjunto. (…)
Departamento de Lengua y Literatura •
Coordinación del Postgrado en Literatura Universidad Simón Bolívar •
Caracas - Venezuela.